Leche infantil contaminada con cereulida: Francia investiga. ¿Y España?
En Francia, la Asamblea Nacional ha investigado. El informe del Parlamento francés identifica errores en los controles, retrasos en las notificaciones y nuevos fallos en la retirada de productos. En el país vecino, con 11 bebés afectados, el debate sigue vivo. Y mientras tanto, en España, el país europeo con más casos, con 41 bebés afectados, el debate público sobre esta crisis prácticamente ha desaparecido.
Cuando en enero de 2026 estalló la alerta por la contaminación de leches infantiles con la toxina cereulida, una de las preguntas que planteaba en el artículo de este blog Leche infantil contaminada con la toxina cereulida: ¿qué ha fallado? era: ¿cómo había sido posible que una sustancia potencialmente peligrosa llegara a productos destinados a bebés sin que nadie la detectara antes?
Ahora, cuatro meses después, una misión de investigación de la Asamblea Nacional de Francia ha publicado sus conclusiones. El documento identifica carencias importantes en los controles, retrasos en las notificaciones, problemas en la aplicación del principio de precaución y errores en la comunicación con las familias.
Y, por si no fuera suficiente, durante el mes de mayo se ha conocido que algunas leches infantiles de los fabricantes Danone y Nestlé, retiradas, volvieron a llegar a los consumidores por error, a la venta en farmacias de Bélgica.
Una contaminación que duró más de un año sin ser detectada
Según el informe parlamentario, la contaminación tenía su origen en un ingrediente utilizado por varios fabricantes europeos: un aceite rico en ácido araquidónico (ARA) producido por la empresa china de Wuhan, Cabio Biotech.
Las investigaciones indican que la contaminación podría haber estado presente desde octubre de 2024 y que persistió durante buena parte de 2025 sin ser detectada por los sistemas habituales de control.
La legislación europea obliga a controlar la presencia de la bacteria Bacillus cereus, pero no su toxina cereulida. Durante el proceso de fabricación del aceite, la bacteria desaparece, pero la toxina sobrevive porque es resistente al calor.
En consecuencia, todos los controles reglamentarios podían dar resultados satisfactorios mientras la toxina continuaba presente.
Una alerta que llegó demasiado tarde
Nestlé detectó la cereulida a finales de noviembre de 2025 durante un autocontrol interno. Sin embargo, las autoridades francesas no fueron informadas hasta el 5 de enero de 2026. En España no sabemos cuándo Nestlé informa a las autoridades sanitarias, solo conocemos que l’AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) comunicó el 9 de enero de 2026, al sistema de alerta europeo RASFF (Ràpid Alert System for Food and Feed), la retirada de leche contaminada producida en la fábrica española y vendida a países de fuera de España.
El informe recuerda que la legislación obliga a las empresas a comunicar inmediatamente cualquier riesgo potencial para la salud humana y no únicamente cuando existe una certeza absoluta.
Los diputados señalan que al menos tres empresas habrían comunicado la situación con retraso y remarcan que estos posibles incumplimientos ya forman parte de investigaciones judiciales en curso.
¿Se aplicó realmente el principio de precaución?
Una de las conclusiones más duras de la misión parlamentaria es la duda sobre la aplicación efectiva del principio de precaución.
Durante semanas se mantuvieron en el mercado lotes que contenían trazas de cereulida porque los niveles detectados estaban por debajo de los umbrales utilizados en ese momento.
El problema es que no existía ningún umbral oficial específico para la cereulida en alimentación infantil. De hecho, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no publicó sus criterios de seguridad hasta el 4 de febrero de 2026.
Los diputados se preguntan si no habría sido más prudente retirar desde el principio todos los productos elaborados con el aceite contaminado procedente del proveedor chino.
Una crisis de comunicación
El informe también es especialmente crítico con la gestión de la información.
Las familias recibieron mensajes cambiantes durante semanas. Algunos productos se retiraban, otros continuaban a la venta y posteriormente también eran retirados. Las instrucciones sobre qué hacer con los envases afectados también fueron cambiando, desde que había que tirarlos a otras veces que había que devolverlos.
Además, RappelConso (página web de la administración francesa) publicaba las alertas de cada empresa por separado, sin una lista unificada que permitiera a los padres saber rápidamente qué marcas estaban afectadas.
Muchas familias terminaron buscando información en las redes sociales porque consideraban insuficiente la información oficial disponible.
Lo más preocupante: productos retirados que vuelven al mercado
Cuando parecía que la crisis empezaba a quedar atrás, una nueva información publicada el mes de mayo por los medios belgas volvió a generar indignación.
Según las autoridades belgas, determinadas leches infantiles que habían sido retiradas volvieron a ser distribuidas accidentalmente en algunos establecimientos. Fueron unos padres belgas los que dieron la alerta al revisar el número del lote del producto que había comprado.
El 13 de mayo Danone publicaba esta nota:
La Agencia Federal Belga para la Seguridad de la Cadena Alimentaria (AFSCA) informó a Danone de un error relacionado con dos entregas realizadas a MediMarket y Phoenix, un distribuidor farmacéutico. Como resultado, dos referencias de productos que habían sido retiradas a principios de este año se pudieron vender a los consumidores en varios puntos de venta.
Estas son las alertas que se podían leer en mayo de 2026 en la página web de la Agència Federal per a la Seguretat de la Cadena Alimentària de Bélgica, con los productos, que por error habían vuelto a las farmacias.
La noticia es especialmente grave porque pone en cuestión la eficacia real de los sistemas de retirada de productos. Una alerta alimentaria sólo es efectiva si todos los productos afectados desaparecen completamente del circuito comercial.
Precisamente esta es una de las preocupaciones identificadas por los diputados franceses. El informe advierte que las administraciones tienen dificultades para controlar la venta online y reconoce que algunos productos afectados continuaron siendo distribuidos a pesar de los procedimientos de retirada.
Por este motivo, una de las recomendaciones es estudiar el bloqueo automático de los códigos de barras de los productos retirados, de manera que no puedan ser vendidos ni en farmacias, ni en supermercados.
En España, una crisis ya casi olvidada
El 19 de febrero de 2026 el Ministerio de Sanidad comunicó en nota de prensa que España había notificado a l'ECDC (Centro Europeo para el Control y Prevención de las Enfermedades) un total de 41 casos de lactantes con síntomas gastrointestinales asociados al consumo de fórmulas infantiles afectadas, de los que 13 requirieron hospitalización y uno ingresó en cuidados intensivos.
Aquella misma nota reconocía que los casos se habían detectado en diez comunidades autónomas y que se mantenía la vigilancia epidemiológica.
Mientras en Francia el Parlamento ha dedicado una misión específica de investigación a la contaminación de las leches infantiles con cereulida y en Bélgica todavía se publican noticias sobre errores en la retirada de los productos afectados, en España, a pesar de ser el país con más bebés afectados, el debate prácticamente ha desaparecido.
España emitió una notificación de alerta, el 9 de enero de 2026, a través del sistema europeo RASFF, potencialmente grave, sobre una leche infantil contaminada fabricada en España y distribuida en otros países. Pero, a partir de febrero, la crisis desapareció prácticamente de la agenda pública.
No ha habido comparecencias parlamentarias específicas, ni investigaciones públicas equivalentes a la francesa, ni un debate sobre las lecciones que deja una contaminación que afectó a productos destinados a los consumidores más vulnerables, los bebés.
Las preguntas continúan abiertas
El informe parlamentario francés formula catorce recomendaciones para reforzar la seguridad alimentaria en los alimentos destinados a los bebés: aumentar los requisitos sanitarios en las fórmulas infantiles, acercándolas a los que hay en los medicamentos; aumentar los controles, sustituyendo el autocontrol que actualmente recae en la responsabilidad de los fabricantes; que ciertos componentes esenciales de las leches artificiales para lactantes, como el aceite rico en ácido araquidónico (ARA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), cuya adición ahora es obligatoria, se produzcan en la Unión Europea para no depender sólo de China; la incorporación de la cereulida a los programas de vigilancia europeos. Y tratar de forma diferente las alertas y comunicaciones cuando afectan a productos destinados a lactantes. Estas son algunas de las recomendaciones.
Pero hay una conclusión que destaca: La crisis ha demostrado que los sistemas de seguridad alimentaria están preparados para controlar riesgos conocidos, pero tienen muchas más dificultades para detectar riesgos emergentes.
La cereulida no era una toxina regulada. No se buscaba de manera rutinaria. No existían criterios específicos para la alimentación infantil. Y consiguió entrar durante meses en productos destinados a bebés sin que nadie la detectara.
Francia ha decidido investigar qué falló. En España, en cambio, la sensación es que el caso ya forma parte del pasado.
Pero las preguntas siguen siendo las mismas: ¿cómo pudo pasar? ¿Quién lo tenía que haber detectado? ¿Qué se ha cambiado para que no vuelva a suceder?
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