Leche infantil contaminada con la toxina cereulida: ¿qué ha fallado?
Un patrón inquietante: bebés enfermos tras consumir leche infantil
El 12 de diciembre de 2025, Italia comunica al RASFF (Rapid Alert System Feed and Food), una alerta alimentaria por posible contaminación de leche infantil producida en los Países Bajos. La AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria i Nutrición), el mismo día, publica una alerta por posible presencia de Bacillus cereus en leche en polvo para lactantes procedente de los Países Bajos que afecta a la marca NIDINA de Nestlé.
Al mismo tiempo, la empresa suiza Nestlé comienza a retirar lotes de sus productos por posible contaminación con la toxina cereulida.
Los servicios de vigilancia epidemiológica de varios países europeos observan un mismo patrón: lactantes con vómitos intensos pocas horas después de consumir leche infantil.
En España, la dimensión del problema fue especialmente relevante:
41 lactantes con síntomas gastrointestinales asociados al consumo de leche infantil de los lotes afectados por la contaminación con la toxina cereulida
10 bebés más con síntomas asociados.
12 hospitalizaciones
La edad media de los bebés fue de 4 meses. Todos presentaron síntomas gastrointestinales, principalmente vómitos y diarrea.
No era un episodio aislado. Era el reflejo de un fallo en la cadena alimentaria.
La causa: una toxina que el sistema no detectó a tiempo
El origen del brote fue la toxina cereulida, producida por la bacteria Bacillus cereus. Una toxina con características especialmente problemáticas:
Resiste los tratamientos térmicos habituales
Provoca síntomas en pocas horas
Puede pasar desapercibida en los sistemas de vigilancia
Las autoridades europeas reconocen, además, que su detección en muestras clínicas no es rutinaria, lo que complica la identificación real del número de casos.
El dato clave: la contaminación llevaba más de un año activa
Los elementos más graves que muestra el informe europeo Multi-country foodborne event caused by cereulide in infant formula products de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) son los siguientes:
La contaminación está presente desde octubre de 2024
Se mantuvo durante 2025
Continuó en 2026
La primera notificación de un caso fue el 19 de diciembre de 2025 y se diagnosticaron nuevos casos hasta el 13 de febrero de 2026.
Se notificaron dos muertes de lactantes sin causa explicada en Francia, que habían consumido fórmula infantil incluida en la retirada.
La contaminación por cereulida fue identificada por primera vez por un fabricante suizo en su planta de producción en los Países Bajos a finales de noviembre de 2025.
A pesar de detectar la contaminación en noviembre de 2025, la primera alerta y retirada de productos se produjo el 10 de diciembre de 2025. El país que activó la alerta fue Italia.
España notificó al RASFF (Rapid Alert System for Food and Feed) la alerta de los productos, producidos por el fabricante suizo en territorio español, el 9 de enero de 2026.
Es decir, durante meses, posiblemente más de un año, un ingrediente contaminado circuló en la cadena de producción de leche infantil sin ser detectado.
Una cadena global, un fallo global
La investigación identifica un origen concreto: el aceite de ácido araquidónico (ARA), utilizado en la formulación de leche infantil, estaba contaminado con la toxina cereulida.
Este ingrediente:
Se elabora en China.
Un mismo fabricante chino lo distribuye a varios fabricantes europeos.
El resultado fue un fallo en cascada: un único punto de contaminación que afectó a múltiples productos en varios países.
Retiradas progresivas: cuando la reacción llega tarde
La retirada de productos comenzó en diciembre de 2025, pero:
Se amplió en enero
Se volvió a ampliar en febrero
Es decir, la gestión del riesgo fue progresiva. Más de 13 notificaciones en el sistema RASFF reflejan esta evolución.
A pesar de detectar la contaminación en noviembre de 2025, la primera alerta y retirada de productos se produjo el 10 de diciembre de 2025. El país que activó la primera notificación en el RASFF fue Italia.
La retirada de los productos de fórmula infantil se amplió posteriormente a escala mundial, afectando a más de 60 países.
Este dato plantea una cuestión clave:
¿cuántos niños consumieron el producto antes de que se conociera realmente el alcance del problema?
España: muchos casos, pocas respuestas públicas
España figura entre los países con un mayor número de casos reportados. El Ministerio de Sanidad emitió una nota de prensa informando de estos 41 + 10 casos el 19 de febrero de 2026, el mismo dia que el European Centre for Disease Prevention and Control (ECDP) publicase su informe. Los casos fueron notificados por las comunidades autónomas de Andalucía, Aragón, Canarias, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Murcia, La Rioja y Comunitat Valenciana.
Sin embargo, el análisis del incidente deja varios interrogantes:
¿Se identificaron todos los casos o solo los más graves?
¿Cuántos episodios se confundieron con gastroenteritis vírica?
¿Qué información recibieron realmente las familias?
El propio informe europeo reconoce que los sistemas de vigilancia tienen limitaciones para detectar este tipo de intoxicaciones.
Desde esa fecha no ha habido más información pública.
INTOXICADAS: cuando el fallo no es excepcional
Lo ocurrido con la cereulida no es un caso aislado.
En el libro INTOXICADAS ya se documentaba un patrón similar en brotes anteriores de leche infantil:
Contaminaciones en origen
Fallos persistentes en instalaciones o ingredientes
Retrasos en la detección
Comunicación tardía o incompleta
El caso de la salmonelosis en leche infantil (España 2010–2011, posteriormente repetido en Francia años después) ya mostraba cómo una misma cadena de producción puede generar crisis separadas en el tiempo.
El paralelismo es claro: en ambos casos, el problema no se limita a un error puntual, sino a fallos estructurales del sistema de seguridad alimentaria.
Medidas de emergencia
La reacción de la Unión Europea ha sido contundente con la publicación del Reglamento de ejecución (UE) 2026/450 el 25 de febrer de 2026 que establece requisitos para la entrada en la Unión Europea de aceites de ácido araquidónico (ARA) procedentes de China:
Refuerzo de los controles sobre el aceite de ácido araquidónico (ARA)
Certificados obligatorios de ausencia de la toxina cereulida
Controles físicos reforzados en frontera
La Comisión Europea, el 30 de enero, solicitó a la la EFSA una evaluación rápida del riesgo de cereulida. En esta evaluación, los científicos de la EFSA establecieron una dosis aguda para la cereulida en lactantes y determinaron las concentraciones en preparados para lactantes que podrían ser preocupantes desde el punto de vista de la seguridad.
La pregunta clave
Este caso no trata solo de una toxina. Trata de un sistema que:
No detectó la contaminación durante meses
No identificó todos los casos
Reaccionó de forma progresiva: durante semanas, la lista de productos retirados fue aumentando
¿Cómo se controlan los peligros para la seguridad alimentaria de los productos que proceden de terceros países, como en este caso desde China? ¿El peligro de la toxina no estaba previsto en el sistema de análisis y control de puntos críticos (APPCC) del fabricante chino? Todo indica que el riesgo asociado a la toxina cereulida no se estaba controlando adecuadamente.
Este riesgo está documentado desde hace años en la Unión Europea. En Rumanía, en 2015, se produjo un brote en una escuela infantil por consumo de leche pasteurizada contaminada con cereulida, con 23 niños afectados y 21 hospitalizaciones.
En 2016, la Comisión Técnica de Peligros Biológicos (BIOHAZ) de la EFSA publicó el dictamen Risks for public health related to the presence of Bacillus cereus and other Bacillus spp. Including Bacillus thuringiensisin foodstuffs donde se describen casos graves de intoxicación por Bacillus cereus asociados a la producción de cereulida en alimentos.
En 1976, un niño de 11 años murió aproximadamente 15 horas después de comer fideos chinos. La causa de la muerte se atribuyó a una insuficiencia cardíaca derivada de la degeneración grasa del miocardio. Se aisló Bacillus cereus como agente causal.
En 1997, un joven de 17 años y su padre presentaron síntomas gastrointestinales, seguidos de daño hepático y rabdomiólisis, tras consumir espaguetis con pesto casero preparados cuatro días antes y refrigerados, pero conservados a temperatura ambiente antes de ser recalentados. El padre se recuperó, pero el hijo murió por insuficiencia hepática fulminante.
En agosto de 2003, en Bélgica, cinco niños enfermaron tras consumir ensalada de pasta preparada días antes; la niña más pequeña murió.
En 2008, dos niños y su madre enfermaron después de comer arroz frito recalentado; el niño de 1 año murió. Ese mismo año, en Francia, un adolescente de 15 años enfermó gravemente tras consumir pasta conservada durante días; finalmente se recuperó. En Bruselas, un estudiante de 20 años murió horas después de consumir espaguetis preparados cinco días antes y mantenidos a temperatura ambiente.
Estos casos muestran que el riesgo de la toxina cereulida no debería haberse pasado por alto cuando se importaba un ingrediente alimentario desde China.
Cuando el producto afectado es leche infantil, una población extremadamente vulnerable, la tolerancia al error debería ser cero.
Pero los errores se repiten.
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